miércoles, 15 de mayo de 2019

4 años y 8 meses: echando la vista atrás con cierta nostalgia

        Casi cinco años han pasado ya y parece que todavía fue ayer cuando escribía todo esto. Ahora el tiempo se mide cada vez que estos dos seres tan hermosos cumplen años. Son la alegria de la huerta, la perplejidad constante, mis satélites perpetuos...

        No soy la criadora perfecta y pierdo los papeles más de lo que quisiera. Les pongo las pilas constantemente y no les paso ni media. Y a pesar de ser siempre el poli malo, mi papel favorito, he de reconocerlo, me sorprende descubrir que no dejo de ser el centro de su universo. Esto me genera algo de culpabilidad, a veces. Pero me dura poco cada vez que veo los estragos que ocasiona la falta de límites en la infancia. Esos límites y esa disciplina necesarios para transitar de un modo seguro, provechoso y satisfactorio los caminos de esta vida. Primero de la mano, después en solitario.

        Me gusta recordar todo lo escrito en mi última etapa tranquila y sin grandes responsabilidades, antes de entrar en esta vorágine de la crianza y la ingente labor de educar  o formar a dos seres humanos y mostrarles más o menos, lo que es, o podría ser, el mundo.

sábado, 29 de abril de 2017

8 meses y 28 días... Tiempo para una misma.

     No recuerdo exactamente cómo era la frase. Decía algo así como que "la crianza de un/a niño/a era cosa de toda la tribu". Creo que tiene toda la razón. Sobre todo, cuando no se trata de uno/a sino de dos. No es que la madre le eche mucho morro o se quiera descansar sino que a lo mejor lo único que necesita es un par de horas por las tardes para corregir exámenes, preparar clases o, simplemente, no hacer nada.

     Luego también están esas creencias populares que afirman que no hay nada como la madre, que ha de estar siempre ahí, que si no es así, entonces es una mala madre... etc. En fin, para mí eso es una forma de misoginia que una vez más sobrecarga a las mujeres, como si ya no estuvieran hasta arriba de miles de exigencias sociales, laborales, estéticas o biológicas. 

   Pero en fin, hasta que esto de que la tribu se haga cargo y se deje de sobrecargar a las madres creo que tendrá que pasar mucho tiempo. Si es que alguna vez sucede.
      

martes, 5 de mayo de 2015

Ocho meses y cinco días de vida... recuerdos de la cesárea, depresión postparto y enfado con mi madre.

    Después de todo este tiempo, vuelvo a tener algo de tiempo para escribir, gracias a que las bebis a las ocho ya están bañadas, cenadas y acostadas. Todo ello por obra y gracia de mi marido y su providencial decisión de aplicar el método Duermete niño de Estivill.

    Echando la vista atrás puedo contar algún retazo de lo vivido: sobre la cesárea (sí te enteras de los empujones y hueles la carne quemada del corte del bisturí); el momento en el que salen los dos hermosos seres (el más emotivo de toda una vida) y los primeros meses lidiando con la maternidad: una locura, debido no sólo a las noches de insomnio sino también a días y días de no dar abasto, al bajón hormonal que te llena de una tristeza sin motivo y al hecho de que has de convivir nuevamente con una madre a la que necesitas pero a la que eres consciente de que no estas tratando nada bien, debido a un malhumor incontrolable que no aguantas ni tú. 

   De repente, tu vida ha cambiado: hay un par de hermosos apéndices que dependen de ti, que comen cada tres horas, con pises que hay que quitar, con sillas de coche y de paseo que hay que montar y desmontar cada vez que pones un pie fuera de casa, cuya pediatra has de visitar y, cuando estás que no puedes más, sigue el trabajo: toca baño, bibe y cama. 

    En fin, a día de hoy, esa época puedo decir que la he superado, prefiero no recordarla y creo que podría calificarla de dominada por cierta depresión postparto que, afortunadamente, no fue a más.

    Todo acabó con un enfado monumental de mi madre, unas disculpas por mi parte y el fichaje de una cuidadora que lo hace inmensamente bien y me da un respiro. Eso y comenzar a hacer algo de deporte por las mañanas hizo que pudiera empezar a salir del agujero y a disfrutar de esos dos hermosos seres que la nube del agobio no me estaba dejando ver.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Quince días de vida... ajetreo constante y noches sin dormir.

 
       Echando la vista atrás, recuerdo el día en que hice esta foto en el hospital. No era el lugar más hermoso del mundo pues se trataba de un hospital viejo. El personal era muy amable y mis compañeras de habitación las mejores del mundo. Pero supongo que lo normal es que a nadie le guste estar en un hospital: con esos ruidos por la noche, esa comida (a mí me encantaba), ese calor sofocante, esos camisones abiertos por todas partes... Sin embargo, lo último que quería era irme de allí. Temía el momento en que me dieran el alta. Pensaba que, una vez en casa, no sabría ni por dónde empezar con los bebés: no sabía ni cómo bañarlos, ni cómo hacerles la cura del cordón, ni cómo cambiarles el pañal, ni cómo preparar los biberones... y encima, me encontraba fatal con lo de la cesárea: hinchada y con dificultades para moverme. 

     Ahora sé que lo que en cierto modo me paralizaba a la hora de no aprender todas esas cosas era el miedo a no hacerlo bien: el miedo a dejarlas caer durante el baño, a hacerles daño en la herida del cordón, a equivocarme con las medidas del biberón, a no poder atender a las dos cuando llorasen al mismo tiempo... la falta de seguridad y el nerviosismo me impedía avanzar en el aprendizaje sobre la práctica que debía llevar a cabo día a día.

     Finalmente, todo eso lo fuimos aprendiendo (mi madre, mi marido y yo) y lo fuimos haciendo sobre la marcha, con mucho miedo y preocupación. Las noches eran mías: teta cada tres horas (multiplicado por dos). Por las mañanas y tardes estaba mi madre (yo algo zombi) y los baños y curas de cordón eran especialidad de mi marido cuando llegaba a las ocho. 

     No lo pasé nada bien. Pero afortunadamente, todo eso pasó (esto lo escribo cuando ya tienen dos años y medio, pues en su día sólo tuve tiempo para subir esta foto: metáfora de todo el amor que sentía y de la hermosura que veía). Es una etapa ya superada y semiolvidada por la que no me gustaría volver a pasar.

sábado, 30 de agosto de 2014

36 semanas y seis días: lactancia tras cesárea y plan de parto.

     Hablando con la que fue mi compañera de habitación durante mis tres días de hospital sobre su cesárea, había conseguido algo de tranquilidad pues me dijo que no se enteró de nada pero, leyendo algún blog de internet, ésta se ha disipado. Según decía dicha bloguera, se ve que si se posterga mucho la unión pecho-lactante tras el parto, algo que sucede en las cesáreas, pueden darse problemas en la futura lactancia pues se pierde el instinto de agarre con el que nace el bebé. Posiblemente sea una exageración por parte de la que escribió su experiencia en el blog pero, ante la duda, he decidido hacer un plan de parto en el que voy a especificar que el tiempo de separación madre-bebés me gustaría que fuese el mínimo posible. Es más, me gustaría que me las pusieran a mamar nada más salir del útero o en la sala de reanimación, si fuera posible, aunque solo fuera un ratito.

     Recordando nuestra última visita al hospital, me vino a la cabeza el comentario de uno de los aparcacoches del aparcamiento: "a punto de explotar". Posiblemente, algo referido a mí pues acababa de pasar. Tal afirmación, evidentemente, ni era digna de respuesta ni de atención pero sí de corrección: "a punto de explotar de vida y felicidad" le hubiera dicho si no estuviese flotando en medio de la más absoluta beatitud.

viernes, 29 de agosto de 2014

36 semanas y cinco días... llegó el final: cesárea programada.

     

N. tiene un tamaño no excesivamente grande frente a G. que es inmensa: tres kilos trescientos (edad gestacional de 38 semanas) frente a los dos kilos dos doscientos de N. (edad gestacional de 33 semanas). Como en dos semanas no ha ganado mucho peso (debido a una no muy buena calidad de la placenta, o eso creo que dijo el que hace la ecografía) la ginecóloga ha considerado oportuno programar una cesárea para la semana que viene, concretamente para el lunes 1 (el día que tendría que examinar a mis alumnos suspensos). Ingreso el domingo a las siete de la tarde. No quiero pensar el agobio que tendré la noche del domingo al lunes: con lo difícil que es conciliar el sueño en el hospital y, dicho mal y pronto, "el acojone" de lo que me espera al día siguiente. Será a las nueve y media de la mañana, si no se produce ninguna urgencia. De hecho, de momento, yo seré la única cesárea de ese día. 
     Hoy el test basal ha ido bien, aunque a N. cuesta encontrarla para pillarle el latido pues G. al parecer lo ocupa todo (de hecho, son sus dimensiones las que han empujado a N. tan abajo). También ya me han hecho el electrocardiograma para la anestesia de la cesárea. 
     Aunque más o menos esto ya me lo esperaba nos ha pillado un poco de sopetón. Algo así como ¡ya el lunes se acaba todo esto de la inmensa panza! La verdad es que el embarazo no se ha hecho largo, más bien algo corto. Ya estaba bastante acostumbrada a su presencia. A partir del lunes panza ya no crecerá más ni producirá más estrías en la zona de la montaña que G. había formado en la zona de la izquierda ni tampoco los habituales picores desquiciantes por el estiramiento de la piel. Su máxima dimensión la alcanzará el domingo. De hecho, no sé si organizar algún tipo de celebración para despedirla. Todo el mundo dice que es inmensa y se queda algo impresionado y reconozco que pesa, sobre todo al final del día, pero creo que aún podría con poco de peso más. Vamos, como en el gimnasio, aún podría poner más peso. 
     En fin, aunque en algún momento tuve esperanzas de tener un parto natural debido a que las dos estaban bien colocadas nunca estuvo realmente claro ni acabé de creérmelo. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Evidentemente, el hecho de que sea una operación quirúrgica es lo que te da más respeto. Y encima, en uno de los libros que me leí sobre el embarazo, el más exagerado, hay que reconocerlo, la autora decía que se notaban los tirones que daban. Algo que sólo pensarlo da un poco de grima o mal rollo. La anestesia creo que es parcial pero, aunque la total es más peligrosa, casi la preferiría porque es una manera de no enterarse absolutamente de nada. Es decir, te despiertas casi sin darte cuenta de que te has dormido y ya ha acabado todo. El caso es que no es aconsejable para los fetos con lo cual, salvo casos graves, que no sé cuáles son, no suele utilizarse. 
     Algo que también se me pasa por la cabeza es la convalecencia: cuánto tardaré en estar bien para hacerme cargo de las nuevas miembras de la familia. Según me contó mi tía, la recuperación de su cesárea fue coser y cantar. Vamos, que el mismo día en que se la hicieron ya se levantó para ducharse ella sola, enganchada como estaba al suero todavía. 
     En conclusión, que menudo fin de semana de comedura de olla me espera. Trataré de que no sea demasiado. Por mucho que una le dé vueltas a las cosas éstas no dejarán de ser como tengan que ser. 

sábado, 23 de agosto de 2014

35 semanas y seis días... ¿Contracciones?

     A estas alturas ya cuesta aguantar el peso de panza y el propio (rodillas y piernas algo sobrecargadas). Coma lo que coma, que no creo que actualmente sea mucho pues me lleno antes, la báscula marca cada vez más (77 kg). El único consuelo es desplazar la responsabilidad: no soy yo sino ellas las que realmente ganan peso (me las imagino gigantes). De hecho, la zona de la izquierda sobresale un poco más que la derecha. Intuyo que G. está inmensa. Hasta la semana que viene no hay ecografía con lo que toca esperar para salir de dudas en cuanto a sus dimensiones. 
     Relacionado con el peso o no, no sabemos si unos súbitos dolores en panza ayer por la noche pudieran ser contracciones de las de verdad o movimientos fetales a lo bestia. En fin, hasta ahora no se han vuelto a repetir con lo que nos quedamos también con la duda. Esperamos que ninguna de las dos haya hecho la voltereta y haya variado su posición.

miércoles, 13 de agosto de 2014

34 semanas y tres días... el lento paso del tiempo.

     La última ecografía y el test basal nos han dejado tranquilos: G. pesa 2 kilos y medio y N. pesa 2 kg (74 kg, la que las porta). Los latidos y los movimientos fetales son normales y no hay asomo de contracciones. Con lo cual, la siguiente ecografía no será hasta dentro de dos semanas (tiempo que se me hará interminable). 
     El no hacer mucho y reposar bastante lo he cumplido a rajatabla. Debido a esto, el tiempo pasa muy lentamente y no se producen muchas novedades en el día a día. Es como un esperar algo en cierta forma incierto pues, aunque intuyes el desenlace, resulta difícil imaginarlo, es decir, visualizar el hecho de que dos seres podrían salir de esa inmensa panza que ya tanto tiempo hace que te acompaña y súbitamente ha acelerado su crecimiento. 
    Trato de seguir la dieta aunque de vez en cuando hay alguna recaída: en ocasiones, es como estar poseía por un monstruo que lo devora todo, sobre todo lácteos o lo que se tercie. Mis papilas gustativas se han vuelto ultrasensibles y lo saborean todo el triple. Espero que cuando panza ya no esté tal sensibilidad en cuanto a sabores se vaya junto al gusto desmesurado por el comer. Imagino que será así. De la misma manera que volverá el acné, el lento crecimiento del pelo y las uñas, las arrugas... vamos, que se deshará el hechizo. A cambio de la existencia de dos nuevos y pequeños seres, fusión del material genético de otros dos. 
     Me invade la curiosidad sobre lo que puede salir de ahí cuando la mezcla previa es tan diferente como el vino y el aceite. En todo caso, cuando una se encuentra algo más cerca del final y la asolan pensamientos negativos difíciles de evitar acerca de posibles tragedias, tan sólo pide una cosa: que todo vaya bien aunque tan sólo sea por la ilusión que encierra la imagen de un futuro padre besando el continente de sus futuras hijas.

jueves, 7 de agosto de 2014

33 semanas y cuatro días...hemorroides y libros sobre el embarazo III.

     A estas alturas del embarazo hay varias buenas noticias: pesamos 73 kg y la última ecografía y test basal han sido satisfactorios aunque no nos han dicho nada sobre el peso de N. En tres días podremos saber si ha aumentado un poco. Al refrescar el tiempo la hinchazón de los pies y manos ha remitido mucho, lo cual se agradece. Volvemos a dormir bien y no estamos tan abrumadas por el peso de panza. Su crecimiento ha hecho que el estómago reduzca algo su espacio con lo que al llenarse antes, una come algo menos. 
     Lo único no del todo positivo es que una hemorroide  ha hecho su aparición: algo hinchado sobresale del ano que pica y escuece según le apetezca. No es debido al estreñimiento pues entre el muesli y los yogures bífidus en ningún momento lo he tenido sino a la circulación. La crema Hemoal a pesar de su precio y su constante aparición en anuncios ya clásicos, no hace absolutamente nada: ni alivia ni reduce la hinchazón. Echarla o no es totalmente indiferente. El médico me ha dicho que me dará unas pastillas que acabarán con ellas y ha confirmado lo que ya había comprobado sobre la crema,
     Estamos ya con el último capítulo del libro de Vicki Iovine, Nueve meses y nueve mil dudas: una obra muy aconsejable por varios motivos: fácil lectura, estilo ágil, tono desenfadado, te habla de todo desde el punto de vista de alguien que lo ha vivido varias veces y pone ejemplos propios o de sus múltiples amigas (a veces un tanto increíbles o surrealistas). Su uso de la hipérbole o exageración minimiza muchos de los dramas que a una la invaden durante diversos momentos del embarazo. Es un libro muy aconsejable capaz de crear la ilusión de que varias amigas expertas en embarazo te acompañan asesorándote en el tuyo.
   En fin, seguimos con el reposo, a pesar del inevitable aburrimiento (hay que reconocer que mucho peor sería en el hospital no sólo por la monotonía y el calor sino también por la falta de mis peludos seres queridos), tomándonos la vida con toda la tranquilidad  posible para que nuestras dos visitantes se queden en su pequeña casa el máximo tiempo  posible (que debería ser al menos cuatro semanas más) hasta que estén lo suficientemente robustas para enfrentarse al mundo.

lunes, 4 de agosto de 2014

33 semanas y un día: reposando.

     Aquí estamos, reposando todo lo que podemos, dando breves y tranquilos paseos por la playa, felices por haber cumplido una semana más sin ninguna novedad en lo que a contracciones y borramiento del cuello del útero se refiere.        

     Afortunadamente, no hace mucho calor con lo que la hinchazón de pies y manos ha remitido. El cansancio traído del hospital también se ha ido, he perdido algo de peso, es decir, por la mañana he vuelto a los 75 kg y no 77 kg, y vuelvo a poder con panza, aunque he de reconocer que el peso me tira bastante de las piernas y riñones cuando estoy un rato de pie. La posición vertical da lugar a la hinchazón inmediata de los pies por lo que procuro tenerlos en alto cuanto puedo.
    Mañana toca madrugar para los análisis del tercer trimestre de sangre y orina. Espero despertarme sin problemas porque, en ocasiones, toda una noche levantándote para orinar cada dos o tres horas, hace que te cueste madrugar.
     En cuanto al control en el hospital de día del miércoles he decidido llevar la bolsa preparada, por si otra vez me hacen quedarme o, más bien, para conjurar esa posibilidad yendo preparada.
     A estas alturas del embarazo tienes emociones contradictorias: deseas verlas, sentir que son reales, por lo que quieres que salgan ya al mundo más allá del útero pero como es demasiado pronto y podría ser perjudicial para su supervivencia, ni de broma quieres que se den prisa en salir. Por otra parte, es evidente que donde están ahora dan mucho menos trabajo que una vez fuera. Como no puedo ni imaginarme cómo será ese momento en cuanto a estrés y lloros sigo manteniendo mi fe absoluta en la lactancia como futura solución a todo: lloros, hambre, cólicos, sueño... Espero que se me dé bien. Me aplicaré a fondo durante mi estancia en el hospital con las explicaciones de las enfermeras.

jueves, 31 de julio de 2014

32 semanas y cuatro días... todo bien: volvemos a casa.

    Después de tres días, mucho reposo, calor, insomnio, ambiente agobiante y algunas pruebas ¡por fin volvemos a casa! En seis días toca un nuevo control (no sé de qué tipo), análisis del tercer trimestre (sangre y orina) y, en once días. nueva ecografía  para ver cómo evoluciona el peso de los fetos.
   La estancia en el hospital ha sido muy satisfactoria: sin grandes lujos pero con gente muy agradable y muy implicada en su trabajo que te atiende muy bien, con una gran amabilidad, pero el ambiente es totalmente claustrofóbico.  Por lo menos ahora sé con conocimiento de causa qué me espera en la convalecencia tras el parto y cómo serán cuidadas las bebés por ese personal tan implicado en su trabajo. Y cómo lo pasará mi marido por las noches echándome una mano y sin una cama a la recurrir.
     He llegado a casa totalmente cansada y con dos kilos más, como si ya no tuviera bastantes, y la panza sensiblemente más grande. Después de estar allí metida tres días, salir a la calle, ver el sol y el movimiento de la gente me hizo sentir bien y conectar otra vez con la realidad, aunque me sentía torpe y débil.

miércoles, 30 de julio de 2014

32 semanas y tres días... seguimos en observaciòn.

     
En el hospital.
     Después de una noche sin pegar ojo: con calor, sonidos de máquinas de aire acondicionado y bebés llorando recién salidos del útero al mundo, aquí seguimos hasta mañana, o eso espero. 
     A partir de la semana que viene el control será ambulatorio y semanal: por el escaso peso de N. y un posible comienzo de contracciones que, aunque no han empezado, podrían desencadenar un parto prematuro.
     Hasta ahora la ginecóloga, jovencita, guapa y muy maja, ha escuchado los latidos y ha medido el cuello del cérvix que estaba entre 28 y 30, es decir, dentro de los parámetros esperados, ya que menos de 25 podría indicar un parto inminente.          
     También me ha consultado la anestesista y me ha hecho firmar los tres consentimientos: para la analgesia epidural, por si el parto es natural, la parcial y la total, por si es una cesárea. También me han puesto la segunda dosis de corticoides para la maduración de los pulmones. Ahora sólo falta un nuevo test basal para monitorizar los latidos de los fetos y la posible existencia de contracciones.
     Rezo, desde un punto de vista ateo, para que todo esté bien y pueda, por fin, irme mañana a casa y volver a la realidad aunque con un ritmo de vida más tranquilo y con mayor reposo: nada de pilates ni yoga y paseos muy largos.

martes, 29 de julio de 2014

32 semanas y dos días... en el hospital en observación.

     Tanto hacer pilates, yoga e ir a la compra que el feto más pequeño, con 1.600 kg (la de la izquierda ya esta en cambio en dos kg), ya está muy bajo, al nivel del pubis, por lo que no solo me han hecho el test basal y examinado la longitud del cérvix dos veces sino que también me han inyectado corticoides para la maduración de los pulmones de los fetos, por si salieran prematuros. Aunque la jovencísima y atractiva ginecóloga residente que me atendió, acompañada de tres supervisores, me dijo que no había ni contracciones ni dilatacion, han decidido dejarme ingresada en observación. ¡Menudo bajón! Por lo que ahora estoy pasando calor en una habitación, afortunadamente o desafortunadamente yo sola y con tele, haciendo tiempo hasta que me de el sueño, extrañando mi casa pero, sobre todo, a mis perras y a mi marido.
      Manaña no sé qué más me harán además de ponerme la segunda dosis de corticoides y examinarme la dilatación del útero. Sinceramente, me gustaría que me dieran el alta y a cambio haría el reposo más absoluto en casa acompañada de la reconfortante compañía canina y pasando menos calor.
      En fin, como escribir con este mvil es lo mas incómodo del mundo, dejaré el resto de los detalles para manana.

miércoles, 23 de julio de 2014

31 semanas y tres días... empieza el cansancio.

     Actividades cotidianas tan simples como ir a hacer la compra me dejan muerta. Han de ir seguidas de un rato de descanso para poder seguir lo que queda de día. Tengo la sensación de que al cuerpo le va costando ya aguantar el peso extra, que ahora está en 74kg, sobre todo en las piernas, que se me cargan bastante. Espero que no aumente mucho más porque para la semana toca obstetra y, previamente, eco, que es lo que más me apetece para ver cómo van de peso y si el líquido sigue "justo". El hambre y el gusto por la comida persisten aunque sigo tratando de seguir la dieta en todo lo posible.
     Pies y piernas siguen permanentemente hinchados y de vez en cuando van a más si están demasiado tiempo de posición vertical o si hay un incremento del calor. El hormigueo en los dedos de la mano derecha tampoco se ha ido. A pesar de todo ello, trataré de seguir con el yoga y el pilates todo el tiempo que pueda combinándolo con los periodos de descanso. 
     Las noches transcurren bastante bien: dormir dos horas para beber (pues la sed es inaotable) e ir al baño constantemente. 
     En fin, habrá que tomárselo con calma y descansar todo lo que pida el cuerpo.

viernes, 18 de julio de 2014

30 semanas y cinco días... ecos de panza, instinto protector y maternidad consciente.

Una cosa es ver cómo tu panza crece cada día, y que la gente se quede impresionada por sus dimensiones (aunque a ti siga sin parecerte tan grande), y otra hacerse a la idea de lo que hay dentro (lo que a ti te parece el tesoro más valioso del mundo). Cuando ves una eco, como ésta, con el rostro de perfil, una gran frente, nariz respingona, labios algo prominentes y los puñitos pegados a esa naricilla, caes algo más en la cuenta de que hay dos pequeños e indefensos seres humanos en tu interior. Entonces es cuando se activa el sentimiento de ternura y el instinto ultra protector: haces y harías lo que fuera para que estén bien, para que sigan bien... Cada vez que se mueven te alegras de volver a sentir que siguen estando ahí en perfectas condiciones y rezas, por muy atea que seas, para que se queden todo lo el tiempo que quieran hasta que por fin estén listas para salir, algo que de verdad soy incapaz de imaginar pero deseo fervientemente. 
     Suelo finalizar este tipo de reflexiones que tan frecuentemente acuden a mi cabeza con ideas como: "nunca pensé que esto de estar de embarazada fuese una sensación tan placentera", "me encantaría repetirla" y "¿Por qué no me habré animado antes?". Esto último requeriría un capítulo aparte o incluso un libro de psicología entero como para poder entenderlo (incluso yo misma). Cuando una cae del pino, como es el caso, no puede evitar desear gritar a los cuatro vientos las dimensiones de su error y avisar a todas aquellas que como yo no se daban cuenta de la inmensidad de la experiencia que se estaban perdiendo. El caso es que hubo quien sí me lo dijo, pero mis oídos aún no estaban preparados para oirlo. Por eso no trato de avisar ni convencer a nadie pues cada persona ha de llegar sola a ese deseo de multiplicarse y sacrificar lo que haga falta. El problema es cuando ese deseo llega demasiado tarde y, desgraciadamente, no puede ser. 
     Supongo que en los tiempos que corren la biología no va a la par de los usos sociales y el deseo de realización profesional de la mujer. Imagino que en las sociedades del primer mundo este problema irá a más y, desde luego, por mucho que avanza la ciencia, la solución no es fácil.

miércoles, 16 de julio de 2014

30 semanas y 3 días... manos y pies hinchados y cremas anti estrías (y antipicores).

     Según la obstetra, todo está dentro de la normalidad. El líquido amniótico del feto A está entre los parámetros normales. La dieta, de momento, ha parado la escalada imparable de kilos pues me mantengo en los 73 kg. En breve tocarán nuevos análisis aunque no me ha dado más detalles. Tan sólo que si en la semana 38 no nos ponemos de parto se provocaría.
     Debido a las dimensiones de la barriga y las dificultades del riego sanguíneo para llegar a las extremidades, las manos y los pies se me han hinchado bastante. Se trata de una hinchazón permanente que no va nunca a menos sino a más cuando paso algún tiempo de pie. La hinchazón de las manos es tal que incluso llega a dificultar el cerrarlas y llego a sentir como adormecidas las puntas de los dedos de la derecha. ¿Solución que no acaba de remediarlo? Ponerlas en alto y darles un masaje con alguna crema para piernas hinchadas, según la comadrona, cualquiera es válida.
     Los picores en la barriga vuelven de vez en cuando. Para aliviarlos, de momento, lo que va funcionando es Trofolastín, aunque no he dejado el aceite de almendras para mañana y noche, pues es muy graso y tarda en absorberse. Las pegas que le pongo a Suavinex, a pesar de que es más barata, es que me da la sensación de que no alivia esos desquiciantes picores y no se absorbe tan bien como la primera.
     En fin, supongo que debería retomar la natación y los paseos por la playa aunque con las dimensiones actuales de panza lo primero me da algo de cosa.

domingo, 13 de julio de 2014

30 semanas... amuletos.

Nunca he sido muy supersticiosa pero, en ocasiones, las circunstancias de la vida te pueden llevar a creer en el mal de ojo, las malas vibraciones de la gente o como se quiera llamar. Igualmente, hasta ahora me seguía considerando muy racional y muy escéptica. Solía creer sólo lo que veía. 
     A pesar de todo ello he de confesar que tengo algo así como un amuleto al que inconscientemente asocio mi buena suerte o, al menos, mi dosis de buenas vibraciones diarias. El problema es que cuando me falla, es decir, cuando no lo tengo, las energías me fallan o siento como que no están todas conmigo. Ahora, no es que vaya muy sobrada y a medida que este proceso en el que estoy inmersa avanza no sé cómo estaré: mantengo mi autonomía e independencia pero no sé por cuánto tiempo. Siempre están los miedos irracionales: a convertirse en una pelota que sólo pueda desplazarse rodando o a que una grúa la tenga que mover a una previo aviso. 
     El caso es que la mera insinuación de que en unas semanas "mi amuleto" pueda no estar, aunque sean sólo cuatro días, es algo que me puede psicólogicamente y que me pone muy triste. No lo puedo evitar, sea por las hormonas o porque mi parte racional se ha ido y he quedado reducida a un mero envase gestante: carne que genera carne. 
     Supongo que su ausencia en mi mente es una especie de atentado contra el síndrome de anidamiento que de un modo tan fuerte confieso estar experimentando. Si falta el amuleto el nido no va a estar verdaderamente preparado para la esperada llegada o algo en esa llegada va a salir mal.

viernes, 11 de julio de 2014

29 semanas y cinco días... líquido amniótico "justo".

     La última ecografía ha sido un poco agridulce. Ambas siguen en posición cefálica, una en posición anterior y la otra posterior. Los pesos de G. y N. creo que no están mal. G. pesa un kilo y medio y N., la que más se ha movido desde siempre, un kilo y 275 gr. pero, según ha dicho el que hace la ecografía, de líquido está "justa". Para ver si se recupera o va a menos me han citado para una nueva ecografía en quince días, lo cual me aporta algo de tranquilidad. 
     Desde luego no es ni algo grave ni alarmante pero no puedo evitar preocuparme aunque trato de no hacerlo. Al parecer, cuando el líquido amniótico es escaso (oligohidramnios) se acaba provocando el parto. 
     En fin, no sé qué me dirá la obstetra la semana que viene. Probablemente nada. Beber más no influye en absoluto. El reposo es aconsejable pero, en general, creo que ya lo estoy haciendo bastante porque, teniendo en cuenta que estoy de vacaciones, el yoga y el pilates para embarazadas son las únicas actividades que llevo a cabo, además de las "marujiles", claro. 
     Mi peso no sigue tan disparado gracias a que estoy cumpliendo "bastante" la dieta. De momento, no he pasado de 72 kg. La panza ha crecido pero no puedo decir que me pese. Sin embargo, mis rodillas o incluso mis piernas, al final del día, no dicen lo mismo: suelen estar muy sobrecargadas.
     En fin, como ha dicho el médico, me lo tomaré con calma.

domingo, 6 de julio de 2014

29 semanas... ¿Qué llevar al hospital? y síndrome del nido.

     
Amoroso jersey hecho por mi tía.
A estas alturas es posible que ya esté sufriendo el síndrome del nido o anidamiento. Limpiar, ordenar, planchar y observar los frecuentes movimientos fetales en mi barriga además de comer, son mis actividades favoritas, es decir, lo único que de verdad me apetece hacer (confieso que estoy siguiendo la dieta que que me puso la obstetra y, de momento, afortunadamente, no he sobrepasado la barrera de los 71 kg a pesar de que la panza sigue creciendo). 

     Relacionado con ello está la preparación de la canastilla o la maleta para llevar al hospital. Según la lista que nos pasó la comadrona lo necesario sería (si vas a ingresar en un hospital público):

  • Bata, camisón y zapatillas para los días que estaremos ingresadas (dos o tres días si es un parto natural y cinco si es una cesárea). Para el trabajo de parto o la cesárea tenemos el camisón que el propio hospital nos facilita.
  • Bragas de algodón o desechables. Mejor estas últimas pues tras el parto el sangrado es bastante abundante, a pesar de las compresas de algodón que el propio hospital nos suministra. Será necesario comprar  más compresas para cuando nos vayamos para casa pues el sangrado continuará, por lo menos, quince días.
  • La faja post-parto es opcional. Aconsejable tras la cesárea porque al parecer los puntos tiran bastante. No así tras un parto normal pues contraer la zona no es bueno para el útero que ha de volver a su sitio por sí mismo (la lactancia lo hace encoger con mayor rapidez).
  • Sujetadores de lactancia.
  • Neceser de aseo personal (habrá que estar presentable para recibir a las visitas).
    Vestido y chaqueta de lana en rosa y blanco, creación, como no, de mi artística tía.
  • Un abanico para el acompañante (en la sala de partos hace mucho calor, imaginaos en verano)
  • Para el bebé, mientras esté allí no necesitará nada pero, para volver a casa: ropa, mantita, pañales, gasas estériles y alcohol de 70º, para hacerle la cura del cordón umbilical, y útiles de aseo como: jabón especial para bebés (aunque los primeros días con el agua es suficiente pues su piel es muy sensible para cualquier tipo de jabón), esponja suave, bastoncillos, tijeras especiales para sus uñitas (o manoplas para evitar que se arañe), termómetro para la bañera y biberón si no se le va a dar el pecho.
  • Es importante recordar tener puestas las sillitas para el coche si no queremos empezar con mal pie nuestra nueva etapa vital con las bebés.

viernes, 4 de julio de 2014

28 semanas y 6 días... Movimientos fetales y libros sobre el embarazo II.

     Entre cada "sube y baja" de la panza sigo leyendo sobre la metamorfosis interna y externa que estoy experimentando. Aunque después de las clases de preparación al parto, desde el punto de vista teórico, poco me queda por saber.
     Éste fue el primer y único libro que me compré: Kaz Cooke, La guía indispensable para madres primerizas. Lo elegí por su grosor y porque me llamó la atención por su estructura (es posible que inconscientemente los colores pistacho y rosa de la portada también influyeran -buen trabajo de marketing, sin duda).
      Está organizado temporalmente, como este blog: por semanas de embarazo. Empieza a contarte los síntomas desde los primeros días. Eso me gustó porque es cuando más paranoica estás y mientras no lo sabes con certeza cualquier cosa te parece un síntoma inequívoco de embarazo aunque no lo sea. Cada capítulo te muestra incluso cuál sería el tamaño del feto semana a semana acompañado de desenfadadas viñetas (que es a lo que se dedica realmente la "autora". A continuación, incluye un fragmento de un diario, basado en la experiencia de la propia escritora y termina con cuestiones teóricas más serias sobre múltiples temas como: la alimentación, las pruebas que se le hacen a la embarazada, precauciones a la hora de viajar, cómo preparar la llegada del bebé... etc.
Movimiento fetal, esto es, G. haciendo el pino.
     Al principio, cuando no estaba embarazada, me hacía gracia la parte del diario pues bromeaba y frivolizaba en exceso sobre algo que aún me era ajeno y no me disgustaba la perspectiva excesivamente desenfadada que ofrecía sobre el tema. Cuando ya lo estaba, la parte del diario directamente me la saltaba: la idea de bromear sobre el tema no me apetecía en lo más mínimo por lo que me leía directamente la parte teórica. En esos momentos en los que en tu cuerpo y en tu mente se están produciendo tantos cambios lo único que te interesa es saber más sobre todo eso que te está pasando y sobre qué será lo siguiente para estar preparada para afrontarlo. 
     Puedo decir que no me he sentido ni identificada ni "acompañada" por la autora en ningún momento. Cosa que con otros libros sí lo he logrado. Es posible que el hecho de que sea australiana influya: al fin y al cabo, un embarazo es un hecho biológico pero también cultural y en cada parte del mundo es posible que se viva de un modo algo diferente. O a lo mejor es que yo me lo tomo excesivamente en serio y me cuesta bromear sobre ello. En definitiva, que no me lo volvería a comprar.