Mostrando entradas con la etiqueta depresión postparto Ocho meses y cinco días de vida... cesárea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta depresión postparto Ocho meses y cinco días de vida... cesárea. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de mayo de 2015

Ocho meses y cinco días de vida... recuerdos de la cesárea, depresión postparto y enfado con mi madre.

    Después de todo este tiempo, vuelvo a tener algo de tiempo para escribir, gracias a que las bebis a las ocho ya están bañadas, cenadas y acostadas. Todo ello por obra y gracia de mi marido y su providencial decisión de aplicar el método Duermete niño de Estivill.

    Echando la vista atrás puedo contar algún retazo de lo vivido: sobre la cesárea (sí te enteras de los empujones y hueles la carne quemada del corte del bisturí); el momento en el que salen los dos hermosos seres (el más emotivo de toda una vida) y los primeros meses lidiando con la maternidad: una locura, debido no sólo a las noches de insomnio sino también a días y días de no dar abasto, al bajón hormonal que te llena de una tristeza sin motivo y al hecho de que has de convivir nuevamente con una madre a la que necesitas pero a la que eres consciente de que no estas tratando nada bien, debido a un malhumor incontrolable que no aguantas ni tú. 

   De repente, tu vida ha cambiado: hay un par de hermosos apéndices que dependen de ti, que comen cada tres horas, con pises que hay que quitar, con sillas de coche y de paseo que hay que montar y desmontar cada vez que pones un pie fuera de casa, cuya pediatra has de visitar y, cuando estás que no puedes más, sigue el trabajo: toca baño, bibe y cama. 

    En fin, a día de hoy, esa época puedo decir que la he superado, prefiero no recordarla y creo que podría calificarla de dominada por cierta depresión postparto que, afortunadamente, no fue a más.

    Todo acabó con un enfado monumental de mi madre, unas disculpas por mi parte y el fichaje de una cuidadora que lo hace inmensamente bien y me da un respiro. Eso y comenzar a hacer algo de deporte por las mañanas hizo que pudiera empezar a salir del agujero y a disfrutar de esos dos hermosos seres que la nube del agobio no me estaba dejando ver.