La última ecografía y el test basal nos han dejado tranquilos: G. pesa 2 kilos y medio y N. pesa 2 kg (74 kg, la que las porta). Los latidos y los movimientos fetales son normales y no hay asomo de contracciones. Con lo cual, la siguiente ecografía no será hasta dentro de dos semanas (tiempo que se me hará interminable).
El no hacer mucho y reposar bastante lo he cumplido a rajatabla. Debido a esto, el tiempo pasa muy lentamente y no se producen muchas novedades en el día a día. Es como un esperar algo en cierta forma incierto pues, aunque intuyes el desenlace, resulta difícil imaginarlo, es decir, visualizar el hecho de que dos seres podrían salir de esa inmensa panza que ya tanto tiempo hace que te acompaña y súbitamente ha acelerado su crecimiento.
Trato de seguir la dieta aunque de vez en cuando hay alguna recaída: en ocasiones, es como estar poseía por un monstruo que lo devora todo, sobre todo lácteos o lo que se tercie. Mis papilas gustativas se han vuelto ultrasensibles y lo saborean todo el triple. Espero que cuando panza ya no esté tal sensibilidad en cuanto a sabores se vaya junto al gusto desmesurado por el comer. Imagino que será así. De la misma manera que volverá el acné, el lento crecimiento del pelo y las uñas, las arrugas... vamos, que se deshará el hechizo. A cambio de la existencia de dos nuevos y pequeños seres, fusión del material genético de otros dos.
Me invade la curiosidad sobre lo que puede salir de ahí cuando la mezcla previa es tan diferente como el vino y el aceite. En todo caso, cuando una se encuentra algo más cerca del final y la asolan pensamientos negativos difíciles de evitar acerca de posibles tragedias, tan sólo pide una cosa: que todo vaya bien aunque tan sólo sea por la ilusión que encierra la imagen de un futuro padre besando el continente de sus futuras hijas.

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