lunes, 4 de agosto de 2014

33 semanas y un día: reposando.

     Aquí estamos, reposando todo lo que podemos, dando breves y tranquilos paseos por la playa, felices por haber cumplido una semana más sin ninguna novedad en lo que a contracciones y borramiento del cuello del útero se refiere.        

     Afortunadamente, no hace mucho calor con lo que la hinchazón de pies y manos ha remitido. El cansancio traído del hospital también se ha ido, he perdido algo de peso, es decir, por la mañana he vuelto a los 75 kg y no 77 kg, y vuelvo a poder con panza, aunque he de reconocer que el peso me tira bastante de las piernas y riñones cuando estoy un rato de pie. La posición vertical da lugar a la hinchazón inmediata de los pies por lo que procuro tenerlos en alto cuanto puedo.
    Mañana toca madrugar para los análisis del tercer trimestre de sangre y orina. Espero despertarme sin problemas porque, en ocasiones, toda una noche levantándote para orinar cada dos o tres horas, hace que te cueste madrugar.
     En cuanto al control en el hospital de día del miércoles he decidido llevar la bolsa preparada, por si otra vez me hacen quedarme o, más bien, para conjurar esa posibilidad yendo preparada.
     A estas alturas del embarazo tienes emociones contradictorias: deseas verlas, sentir que son reales, por lo que quieres que salgan ya al mundo más allá del útero pero como es demasiado pronto y podría ser perjudicial para su supervivencia, ni de broma quieres que se den prisa en salir. Por otra parte, es evidente que donde están ahora dan mucho menos trabajo que una vez fuera. Como no puedo ni imaginarme cómo será ese momento en cuanto a estrés y lloros sigo manteniendo mi fe absoluta en la lactancia como futura solución a todo: lloros, hambre, cólicos, sueño... Espero que se me dé bien. Me aplicaré a fondo durante mi estancia en el hospital con las explicaciones de las enfermeras.

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