miércoles, 15 de mayo de 2019

4 años y 8 meses: echando la vista atrás con cierta nostalgia

        Casi cinco años han pasado ya y parece que todavía fue ayer cuando escribía todo esto. Ahora el tiempo se mide cada vez que estos dos seres tan hermosos cumplen años. Son la alegria de la huerta, la perplejidad constante, mis satélites perpetuos...

        No soy la criadora perfecta y pierdo los papeles más de lo que quisiera. Les pongo las pilas constantemente y no les paso ni media. Y a pesar de ser siempre el poli malo, mi papel favorito, he de reconocerlo, me sorprende descubrir que no dejo de ser el centro de su universo. Esto me genera algo de culpabilidad, a veces. Pero me dura poco cada vez que veo los estragos que ocasiona la falta de límites en la infancia. Esos límites y esa disciplina necesarios para transitar de un modo seguro, provechoso y satisfactorio los caminos de esta vida. Primero de la mano, después en solitario.

        Me gusta recordar todo lo escrito en mi última etapa tranquila y sin grandes responsabilidades, antes de entrar en esta vorágine de la crianza y la ingente labor de educar  o formar a dos seres humanos y mostrarles más o menos, lo que es, o podría ser, el mundo.