Una cosa es ver cómo tu panza crece cada día, y que la gente se quede impresionada por sus dimensiones (aunque a ti siga sin parecerte tan grande), y otra hacerse a la idea de lo que hay dentro (lo que a ti te parece el tesoro más valioso del mundo). Cuando ves una eco, como ésta, con el rostro de perfil, una gran frente, nariz respingona, labios algo prominentes y los puñitos pegados a esa naricilla, caes algo más en la cuenta de que hay dos pequeños e indefensos seres humanos en tu interior. Entonces es cuando se activa el sentimiento de ternura y el instinto ultra protector: haces y harías lo que fuera para que estén bien, para que sigan bien... Cada vez que se mueven te alegras de volver a sentir que siguen estando ahí en perfectas condiciones y rezas, por muy atea que seas, para que se queden todo lo el tiempo que quieran hasta que por fin estén listas para salir, algo que de verdad soy incapaz de imaginar pero deseo fervientemente.
Suelo finalizar este tipo de reflexiones que tan frecuentemente acuden a mi cabeza con ideas como: "nunca pensé que esto de estar de embarazada fuese una sensación tan placentera", "me encantaría repetirla" y "¿Por qué no me habré animado antes?". Esto último requeriría un capítulo aparte o incluso un libro de psicología entero como para poder entenderlo (incluso yo misma). Cuando una cae del pino, como es el caso, no puede evitar desear gritar a los cuatro vientos las dimensiones de su error y avisar a todas aquellas que como yo no se daban cuenta de la inmensidad de la experiencia que se estaban perdiendo. El caso es que hubo quien sí me lo dijo, pero mis oídos aún no estaban preparados para oirlo. Por eso no trato de avisar ni convencer a nadie pues cada persona ha de llegar sola a ese deseo de multiplicarse y sacrificar lo que haga falta. El problema es cuando ese deseo llega demasiado tarde y, desgraciadamente, no puede ser.
Supongo que en los tiempos que corren la biología no va a la par de los usos sociales y el deseo de realización profesional de la mujer. Imagino que en las sociedades del primer mundo este problema irá a más y, desde luego, por mucho que avanza la ciencia, la solución no es fácil.
