miércoles, 30 de julio de 2014

32 semanas y tres días... seguimos en observaciòn.

     
En el hospital.
     Después de una noche sin pegar ojo: con calor, sonidos de máquinas de aire acondicionado y bebés llorando recién salidos del útero al mundo, aquí seguimos hasta mañana, o eso espero. 
     A partir de la semana que viene el control será ambulatorio y semanal: por el escaso peso de N. y un posible comienzo de contracciones que, aunque no han empezado, podrían desencadenar un parto prematuro.
     Hasta ahora la ginecóloga, jovencita, guapa y muy maja, ha escuchado los latidos y ha medido el cuello del cérvix que estaba entre 28 y 30, es decir, dentro de los parámetros esperados, ya que menos de 25 podría indicar un parto inminente.          
     También me ha consultado la anestesista y me ha hecho firmar los tres consentimientos: para la analgesia epidural, por si el parto es natural, la parcial y la total, por si es una cesárea. También me han puesto la segunda dosis de corticoides para la maduración de los pulmones. Ahora sólo falta un nuevo test basal para monitorizar los latidos de los fetos y la posible existencia de contracciones.
     Rezo, desde un punto de vista ateo, para que todo esté bien y pueda, por fin, irme mañana a casa y volver a la realidad aunque con un ritmo de vida más tranquilo y con mayor reposo: nada de pilates ni yoga y paseos muy largos.

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