miércoles, 13 de agosto de 2014

34 semanas y tres días... el lento paso del tiempo.

     La última ecografía y el test basal nos han dejado tranquilos: G. pesa 2 kilos y medio y N. pesa 2 kg (74 kg, la que las porta). Los latidos y los movimientos fetales son normales y no hay asomo de contracciones. Con lo cual, la siguiente ecografía no será hasta dentro de dos semanas (tiempo que se me hará interminable). 
     El no hacer mucho y reposar bastante lo he cumplido a rajatabla. Debido a esto, el tiempo pasa muy lentamente y no se producen muchas novedades en el día a día. Es como un esperar algo en cierta forma incierto pues, aunque intuyes el desenlace, resulta difícil imaginarlo, es decir, visualizar el hecho de que dos seres podrían salir de esa inmensa panza que ya tanto tiempo hace que te acompaña y súbitamente ha acelerado su crecimiento. 
    Trato de seguir la dieta aunque de vez en cuando hay alguna recaída: en ocasiones, es como estar poseía por un monstruo que lo devora todo, sobre todo lácteos o lo que se tercie. Mis papilas gustativas se han vuelto ultrasensibles y lo saborean todo el triple. Espero que cuando panza ya no esté tal sensibilidad en cuanto a sabores se vaya junto al gusto desmesurado por el comer. Imagino que será así. De la misma manera que volverá el acné, el lento crecimiento del pelo y las uñas, las arrugas... vamos, que se deshará el hechizo. A cambio de la existencia de dos nuevos y pequeños seres, fusión del material genético de otros dos. 
     Me invade la curiosidad sobre lo que puede salir de ahí cuando la mezcla previa es tan diferente como el vino y el aceite. En todo caso, cuando una se encuentra algo más cerca del final y la asolan pensamientos negativos difíciles de evitar acerca de posibles tragedias, tan sólo pide una cosa: que todo vaya bien aunque tan sólo sea por la ilusión que encierra la imagen de un futuro padre besando el continente de sus futuras hijas.

jueves, 7 de agosto de 2014

33 semanas y cuatro días...hemorroides y libros sobre el embarazo III.

     A estas alturas del embarazo hay varias buenas noticias: pesamos 73 kg y la última ecografía y test basal han sido satisfactorios aunque no nos han dicho nada sobre el peso de N. En tres días podremos saber si ha aumentado un poco. Al refrescar el tiempo la hinchazón de los pies y manos ha remitido mucho, lo cual se agradece. Volvemos a dormir bien y no estamos tan abrumadas por el peso de panza. Su crecimiento ha hecho que el estómago reduzca algo su espacio con lo que al llenarse antes, una come algo menos. 
     Lo único no del todo positivo es que una hemorroide  ha hecho su aparición: algo hinchado sobresale del ano que pica y escuece según le apetezca. No es debido al estreñimiento pues entre el muesli y los yogures bífidus en ningún momento lo he tenido sino a la circulación. La crema Hemoal a pesar de su precio y su constante aparición en anuncios ya clásicos, no hace absolutamente nada: ni alivia ni reduce la hinchazón. Echarla o no es totalmente indiferente. El médico me ha dicho que me dará unas pastillas que acabarán con ellas y ha confirmado lo que ya había comprobado sobre la crema,
     Estamos ya con el último capítulo del libro de Vicki Iovine, Nueve meses y nueve mil dudas: una obra muy aconsejable por varios motivos: fácil lectura, estilo ágil, tono desenfadado, te habla de todo desde el punto de vista de alguien que lo ha vivido varias veces y pone ejemplos propios o de sus múltiples amigas (a veces un tanto increíbles o surrealistas). Su uso de la hipérbole o exageración minimiza muchos de los dramas que a una la invaden durante diversos momentos del embarazo. Es un libro muy aconsejable capaz de crear la ilusión de que varias amigas expertas en embarazo te acompañan asesorándote en el tuyo.
   En fin, seguimos con el reposo, a pesar del inevitable aburrimiento (hay que reconocer que mucho peor sería en el hospital no sólo por la monotonía y el calor sino también por la falta de mis peludos seres queridos), tomándonos la vida con toda la tranquilidad  posible para que nuestras dos visitantes se queden en su pequeña casa el máximo tiempo  posible (que debería ser al menos cuatro semanas más) hasta que estén lo suficientemente robustas para enfrentarse al mundo.

lunes, 4 de agosto de 2014

33 semanas y un día: reposando.

     Aquí estamos, reposando todo lo que podemos, dando breves y tranquilos paseos por la playa, felices por haber cumplido una semana más sin ninguna novedad en lo que a contracciones y borramiento del cuello del útero se refiere.        

     Afortunadamente, no hace mucho calor con lo que la hinchazón de pies y manos ha remitido. El cansancio traído del hospital también se ha ido, he perdido algo de peso, es decir, por la mañana he vuelto a los 75 kg y no 77 kg, y vuelvo a poder con panza, aunque he de reconocer que el peso me tira bastante de las piernas y riñones cuando estoy un rato de pie. La posición vertical da lugar a la hinchazón inmediata de los pies por lo que procuro tenerlos en alto cuanto puedo.
    Mañana toca madrugar para los análisis del tercer trimestre de sangre y orina. Espero despertarme sin problemas porque, en ocasiones, toda una noche levantándote para orinar cada dos o tres horas, hace que te cueste madrugar.
     En cuanto al control en el hospital de día del miércoles he decidido llevar la bolsa preparada, por si otra vez me hacen quedarme o, más bien, para conjurar esa posibilidad yendo preparada.
     A estas alturas del embarazo tienes emociones contradictorias: deseas verlas, sentir que son reales, por lo que quieres que salgan ya al mundo más allá del útero pero como es demasiado pronto y podría ser perjudicial para su supervivencia, ni de broma quieres que se den prisa en salir. Por otra parte, es evidente que donde están ahora dan mucho menos trabajo que una vez fuera. Como no puedo ni imaginarme cómo será ese momento en cuanto a estrés y lloros sigo manteniendo mi fe absoluta en la lactancia como futura solución a todo: lloros, hambre, cólicos, sueño... Espero que se me dé bien. Me aplicaré a fondo durante mi estancia en el hospital con las explicaciones de las enfermeras.

jueves, 31 de julio de 2014

32 semanas y cuatro días... todo bien: volvemos a casa.

    Después de tres días, mucho reposo, calor, insomnio, ambiente agobiante y algunas pruebas ¡por fin volvemos a casa! En seis días toca un nuevo control (no sé de qué tipo), análisis del tercer trimestre (sangre y orina) y, en once días. nueva ecografía  para ver cómo evoluciona el peso de los fetos.
   La estancia en el hospital ha sido muy satisfactoria: sin grandes lujos pero con gente muy agradable y muy implicada en su trabajo que te atiende muy bien, con una gran amabilidad, pero el ambiente es totalmente claustrofóbico.  Por lo menos ahora sé con conocimiento de causa qué me espera en la convalecencia tras el parto y cómo serán cuidadas las bebés por ese personal tan implicado en su trabajo. Y cómo lo pasará mi marido por las noches echándome una mano y sin una cama a la recurrir.
     He llegado a casa totalmente cansada y con dos kilos más, como si ya no tuviera bastantes, y la panza sensiblemente más grande. Después de estar allí metida tres días, salir a la calle, ver el sol y el movimiento de la gente me hizo sentir bien y conectar otra vez con la realidad, aunque me sentía torpe y débil.

miércoles, 30 de julio de 2014

32 semanas y tres días... seguimos en observaciòn.

     
En el hospital.
     Después de una noche sin pegar ojo: con calor, sonidos de máquinas de aire acondicionado y bebés llorando recién salidos del útero al mundo, aquí seguimos hasta mañana, o eso espero. 
     A partir de la semana que viene el control será ambulatorio y semanal: por el escaso peso de N. y un posible comienzo de contracciones que, aunque no han empezado, podrían desencadenar un parto prematuro.
     Hasta ahora la ginecóloga, jovencita, guapa y muy maja, ha escuchado los latidos y ha medido el cuello del cérvix que estaba entre 28 y 30, es decir, dentro de los parámetros esperados, ya que menos de 25 podría indicar un parto inminente.          
     También me ha consultado la anestesista y me ha hecho firmar los tres consentimientos: para la analgesia epidural, por si el parto es natural, la parcial y la total, por si es una cesárea. También me han puesto la segunda dosis de corticoides para la maduración de los pulmones. Ahora sólo falta un nuevo test basal para monitorizar los latidos de los fetos y la posible existencia de contracciones.
     Rezo, desde un punto de vista ateo, para que todo esté bien y pueda, por fin, irme mañana a casa y volver a la realidad aunque con un ritmo de vida más tranquilo y con mayor reposo: nada de pilates ni yoga y paseos muy largos.

martes, 29 de julio de 2014

32 semanas y dos días... en el hospital en observación.

     Tanto hacer pilates, yoga e ir a la compra que el feto más pequeño, con 1.600 kg (la de la izquierda ya esta en cambio en dos kg), ya está muy bajo, al nivel del pubis, por lo que no solo me han hecho el test basal y examinado la longitud del cérvix dos veces sino que también me han inyectado corticoides para la maduración de los pulmones de los fetos, por si salieran prematuros. Aunque la jovencísima y atractiva ginecóloga residente que me atendió, acompañada de tres supervisores, me dijo que no había ni contracciones ni dilatacion, han decidido dejarme ingresada en observación. ¡Menudo bajón! Por lo que ahora estoy pasando calor en una habitación, afortunadamente o desafortunadamente yo sola y con tele, haciendo tiempo hasta que me de el sueño, extrañando mi casa pero, sobre todo, a mis perras y a mi marido.
      Manaña no sé qué más me harán además de ponerme la segunda dosis de corticoides y examinarme la dilatación del útero. Sinceramente, me gustaría que me dieran el alta y a cambio haría el reposo más absoluto en casa acompañada de la reconfortante compañía canina y pasando menos calor.
      En fin, como escribir con este mvil es lo mas incómodo del mundo, dejaré el resto de los detalles para manana.

miércoles, 23 de julio de 2014

31 semanas y tres días... empieza el cansancio.

     Actividades cotidianas tan simples como ir a hacer la compra me dejan muerta. Han de ir seguidas de un rato de descanso para poder seguir lo que queda de día. Tengo la sensación de que al cuerpo le va costando ya aguantar el peso extra, que ahora está en 74kg, sobre todo en las piernas, que se me cargan bastante. Espero que no aumente mucho más porque para la semana toca obstetra y, previamente, eco, que es lo que más me apetece para ver cómo van de peso y si el líquido sigue "justo". El hambre y el gusto por la comida persisten aunque sigo tratando de seguir la dieta en todo lo posible.
     Pies y piernas siguen permanentemente hinchados y de vez en cuando van a más si están demasiado tiempo de posición vertical o si hay un incremento del calor. El hormigueo en los dedos de la mano derecha tampoco se ha ido. A pesar de todo ello, trataré de seguir con el yoga y el pilates todo el tiempo que pueda combinándolo con los periodos de descanso. 
     Las noches transcurren bastante bien: dormir dos horas para beber (pues la sed es inaotable) e ir al baño constantemente. 
     En fin, habrá que tomárselo con calma y descansar todo lo que pida el cuerpo.