Además, estás en un estado de permanente beatitud: nada te importa ni te agobia demasiado como para alterarlo. La gente que te rodea se muestra muy comprensiva contigo y se crea una especie de flujo de energía positiva. De repente, las rencillas familiares enquistadas desde hace décadas se vuelven menos trascendentes y tales quistes se diluyen o dejan de generar los malos sentimientos que en su momento los provocaron.
![]() |
| Una de esas cosas que emocionan. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario