Hablando con la que fue mi compañera de habitación durante mis tres días de hospital sobre su cesárea, había conseguido algo de tranquilidad pues me dijo que no se enteró de nada pero, leyendo algún blog de internet, ésta se ha disipado. Según decía dicha bloguera, se ve que si se posterga mucho la unión pecho-lactante tras el parto, algo que sucede en las cesáreas, pueden darse problemas en la futura lactancia pues se pierde el instinto de agarre con el que nace el bebé. Posiblemente sea una exageración por parte de la que escribió su experiencia en el blog pero, ante la duda, he decidido hacer un plan de parto en el que voy a especificar que el tiempo de separación madre-bebés me gustaría que fuese el mínimo posible. Es más, me gustaría que me las pusieran a mamar nada más salir del útero o en la sala de reanimación, si fuera posible, aunque solo fuera un ratito.
Recordando nuestra última visita al hospital, me vino a la cabeza el comentario de uno de los aparcacoches del aparcamiento: "a punto de explotar". Posiblemente, algo referido a mí pues acababa de pasar. Tal afirmación, evidentemente, ni era digna de respuesta ni de atención pero sí de corrección: "a punto de explotar de vida y felicidad" le hubiera dicho si no estuviese flotando en medio de la más absoluta beatitud.
sábado, 30 de agosto de 2014
viernes, 29 de agosto de 2014
36 semanas y cinco días... llegó el final: cesárea programada.
Hoy el test basal ha ido bien, aunque a N. cuesta encontrarla para pillarle el latido pues G. al parecer lo ocupa todo (de hecho, son sus dimensiones las que han empujado a N. tan abajo). También ya me han hecho el electrocardiograma para la anestesia de la cesárea.
Aunque más o menos esto ya me lo esperaba nos ha pillado un poco de sopetón. Algo así como ¡ya el lunes se acaba todo esto de la inmensa panza! La verdad es que el embarazo no se ha hecho largo, más bien algo corto. Ya estaba bastante acostumbrada a su presencia. A partir del lunes panza ya no crecerá más ni producirá más estrías en la zona de la montaña que G. había formado en la zona de la izquierda ni tampoco los habituales picores desquiciantes por el estiramiento de la piel. Su máxima dimensión la alcanzará el domingo. De hecho, no sé si organizar algún tipo de celebración para despedirla. Todo el mundo dice que es inmensa y se queda algo impresionado y reconozco que pesa, sobre todo al final del día, pero creo que aún podría con poco de peso más. Vamos, como en el gimnasio, aún podría poner más peso.
En fin, aunque en algún momento tuve esperanzas de tener un parto natural debido a que las dos estaban bien colocadas nunca estuvo realmente claro ni acabé de creérmelo. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Evidentemente, el hecho de que sea una operación quirúrgica es lo que te da más respeto. Y encima, en uno de los libros que me leí sobre el embarazo, el más exagerado, hay que reconocerlo, la autora decía que se notaban los tirones que daban. Algo que sólo pensarlo da un poco de grima o mal rollo. La anestesia creo que es parcial pero, aunque la total es más peligrosa, casi la preferiría porque es una manera de no enterarse absolutamente de nada. Es decir, te despiertas casi sin darte cuenta de que te has dormido y ya ha acabado todo. El caso es que no es aconsejable para los fetos con lo cual, salvo casos graves, que no sé cuáles son, no suele utilizarse.
Algo que también se me pasa por la cabeza es la convalecencia: cuánto tardaré en estar bien para hacerme cargo de las nuevas miembras de la familia. Según me contó mi tía, la recuperación de su cesárea fue coser y cantar. Vamos, que el mismo día en que se la hicieron ya se levantó para ducharse ella sola, enganchada como estaba al suero todavía.
En conclusión, que menudo fin de semana de comedura de olla me espera. Trataré de que no sea demasiado. Por mucho que una le dé vueltas a las cosas éstas no dejarán de ser como tengan que ser.
sábado, 23 de agosto de 2014
35 semanas y seis días... ¿Contracciones?
A estas alturas ya cuesta aguantar el peso de panza y el propio (rodillas y piernas algo sobrecargadas). Coma lo que coma, que no creo que actualmente sea mucho pues me lleno antes, la báscula marca cada vez más (77 kg). El único consuelo es desplazar la responsabilidad: no soy yo sino ellas las que realmente ganan peso (me las imagino gigantes). De hecho, la zona de la izquierda sobresale un poco más que la derecha. Intuyo que G. está inmensa. Hasta la semana que viene no hay ecografía con lo que toca esperar para salir de dudas en cuanto a sus dimensiones.
Relacionado con el peso o no, no sabemos si unos súbitos dolores en panza ayer por la noche pudieran ser contracciones de las de verdad o movimientos fetales a lo bestia. En fin, hasta ahora no se han vuelto a repetir con lo que nos quedamos también con la duda. Esperamos que ninguna de las dos haya hecho la voltereta y haya variado su posición.
Relacionado con el peso o no, no sabemos si unos súbitos dolores en panza ayer por la noche pudieran ser contracciones de las de verdad o movimientos fetales a lo bestia. En fin, hasta ahora no se han vuelto a repetir con lo que nos quedamos también con la duda. Esperamos que ninguna de las dos haya hecho la voltereta y haya variado su posición.
miércoles, 13 de agosto de 2014
34 semanas y tres días... el lento paso del tiempo.
La última ecografía y el test basal nos han dejado tranquilos: G. pesa 2 kilos y medio y N. pesa 2 kg (74 kg, la que las porta). Los latidos y los movimientos fetales son normales y no hay asomo de contracciones. Con lo cual, la siguiente ecografía no será hasta dentro de dos semanas (tiempo que se me hará interminable).
El no hacer mucho y reposar bastante lo he cumplido a rajatabla. Debido a esto, el tiempo pasa muy lentamente y no se producen muchas novedades en el día a día. Es como un esperar algo en cierta forma incierto pues, aunque intuyes el desenlace, resulta difícil imaginarlo, es decir, visualizar el hecho de que dos seres podrían salir de esa inmensa panza que ya tanto tiempo hace que te acompaña y súbitamente ha acelerado su crecimiento.
Trato de seguir la dieta aunque de vez en cuando hay alguna recaída: en ocasiones, es como estar poseía por un monstruo que lo devora todo, sobre todo lácteos o lo que se tercie. Mis papilas gustativas se han vuelto ultrasensibles y lo saborean todo el triple. Espero que cuando panza ya no esté tal sensibilidad en cuanto a sabores se vaya junto al gusto desmesurado por el comer. Imagino que será así. De la misma manera que volverá el acné, el lento crecimiento del pelo y las uñas, las arrugas... vamos, que se deshará el hechizo. A cambio de la existencia de dos nuevos y pequeños seres, fusión del material genético de otros dos.
Me invade la curiosidad sobre lo que puede salir de ahí cuando la mezcla previa es tan diferente como el vino y el aceite. En todo caso, cuando una se encuentra algo más cerca del final y la asolan pensamientos negativos difíciles de evitar acerca de posibles tragedias, tan sólo pide una cosa: que todo vaya bien aunque tan sólo sea por la ilusión que encierra la imagen de un futuro padre besando el continente de sus futuras hijas.
El no hacer mucho y reposar bastante lo he cumplido a rajatabla. Debido a esto, el tiempo pasa muy lentamente y no se producen muchas novedades en el día a día. Es como un esperar algo en cierta forma incierto pues, aunque intuyes el desenlace, resulta difícil imaginarlo, es decir, visualizar el hecho de que dos seres podrían salir de esa inmensa panza que ya tanto tiempo hace que te acompaña y súbitamente ha acelerado su crecimiento.
Trato de seguir la dieta aunque de vez en cuando hay alguna recaída: en ocasiones, es como estar poseía por un monstruo que lo devora todo, sobre todo lácteos o lo que se tercie. Mis papilas gustativas se han vuelto ultrasensibles y lo saborean todo el triple. Espero que cuando panza ya no esté tal sensibilidad en cuanto a sabores se vaya junto al gusto desmesurado por el comer. Imagino que será así. De la misma manera que volverá el acné, el lento crecimiento del pelo y las uñas, las arrugas... vamos, que se deshará el hechizo. A cambio de la existencia de dos nuevos y pequeños seres, fusión del material genético de otros dos.
Me invade la curiosidad sobre lo que puede salir de ahí cuando la mezcla previa es tan diferente como el vino y el aceite. En todo caso, cuando una se encuentra algo más cerca del final y la asolan pensamientos negativos difíciles de evitar acerca de posibles tragedias, tan sólo pide una cosa: que todo vaya bien aunque tan sólo sea por la ilusión que encierra la imagen de un futuro padre besando el continente de sus futuras hijas.
jueves, 7 de agosto de 2014
33 semanas y cuatro días...hemorroides y libros sobre el embarazo III.
A estas alturas del embarazo hay varias buenas noticias: pesamos 73 kg y la última ecografía y test basal han sido satisfactorios aunque no nos han dicho nada sobre el peso de N. En tres días podremos saber si ha aumentado un poco. Al refrescar el tiempo la hinchazón de los pies y manos ha remitido mucho, lo cual se agradece. Volvemos a dormir bien y no estamos tan abrumadas por el peso de panza. Su crecimiento ha hecho que el estómago reduzca algo su espacio con lo que al llenarse antes, una come algo menos.
Lo único no del todo positivo es que una hemorroide ha hecho su aparición: algo hinchado sobresale del ano que pica y escuece según le apetezca. No es debido al estreñimiento pues entre el muesli y los yogures bífidus en ningún momento lo he tenido sino a la circulación. La crema Hemoal a pesar de su precio y su constante aparición en anuncios ya clásicos, no hace absolutamente nada: ni alivia ni reduce la hinchazón. Echarla o no es totalmente indiferente. El médico me ha dicho que me dará unas pastillas que acabarán con ellas y ha confirmado lo que ya había comprobado sobre la crema,
Estamos ya con el último capítulo del libro de Vicki Iovine, Nueve meses y nueve mil dudas: una obra muy aconsejable por varios motivos: fácil lectura, estilo ágil, tono desenfadado, te habla de todo desde el punto de vista de alguien que lo ha vivido varias veces y pone ejemplos propios o de sus múltiples amigas (a veces un tanto increíbles o surrealistas). Su uso de la hipérbole o exageración minimiza muchos de los dramas que a una la invaden durante diversos momentos del embarazo. Es un libro muy aconsejable capaz de crear la ilusión de que varias amigas expertas en embarazo te acompañan asesorándote en el tuyo.
En fin, seguimos con el reposo, a pesar del inevitable aburrimiento (hay que reconocer que mucho peor sería en el hospital no sólo por la monotonía y el calor sino también por la falta de mis peludos seres queridos), tomándonos la vida con toda la tranquilidad posible para que nuestras dos visitantes se queden en su pequeña casa el máximo tiempo posible (que debería ser al menos cuatro semanas más) hasta que estén lo suficientemente robustas para enfrentarse al mundo.
Lo único no del todo positivo es que una hemorroide ha hecho su aparición: algo hinchado sobresale del ano que pica y escuece según le apetezca. No es debido al estreñimiento pues entre el muesli y los yogures bífidus en ningún momento lo he tenido sino a la circulación. La crema Hemoal a pesar de su precio y su constante aparición en anuncios ya clásicos, no hace absolutamente nada: ni alivia ni reduce la hinchazón. Echarla o no es totalmente indiferente. El médico me ha dicho que me dará unas pastillas que acabarán con ellas y ha confirmado lo que ya había comprobado sobre la crema,
Estamos ya con el último capítulo del libro de Vicki Iovine, Nueve meses y nueve mil dudas: una obra muy aconsejable por varios motivos: fácil lectura, estilo ágil, tono desenfadado, te habla de todo desde el punto de vista de alguien que lo ha vivido varias veces y pone ejemplos propios o de sus múltiples amigas (a veces un tanto increíbles o surrealistas). Su uso de la hipérbole o exageración minimiza muchos de los dramas que a una la invaden durante diversos momentos del embarazo. Es un libro muy aconsejable capaz de crear la ilusión de que varias amigas expertas en embarazo te acompañan asesorándote en el tuyo.
En fin, seguimos con el reposo, a pesar del inevitable aburrimiento (hay que reconocer que mucho peor sería en el hospital no sólo por la monotonía y el calor sino también por la falta de mis peludos seres queridos), tomándonos la vida con toda la tranquilidad posible para que nuestras dos visitantes se queden en su pequeña casa el máximo tiempo posible (que debería ser al menos cuatro semanas más) hasta que estén lo suficientemente robustas para enfrentarse al mundo.
lunes, 4 de agosto de 2014
33 semanas y un día: reposando.
Aquí estamos, reposando todo lo que podemos, dando breves y tranquilos paseos por la playa, felices por haber cumplido una semana más sin ninguna novedad en lo que a contracciones y borramiento del cuello del útero se refiere.
Afortunadamente, no hace mucho calor con lo que la hinchazón de pies y manos ha remitido. El cansancio traído del hospital también se ha ido, he perdido algo de peso, es decir, por la mañana he vuelto a los 75 kg y no 77 kg, y vuelvo a poder con panza, aunque he de reconocer que el peso me tira bastante de las piernas y riñones cuando estoy un rato de pie. La posición vertical da lugar a la hinchazón inmediata de los pies por lo que procuro tenerlos en alto cuanto puedo.
Mañana toca madrugar para los análisis del tercer trimestre de sangre y orina. Espero despertarme sin problemas porque, en ocasiones, toda una noche levantándote para orinar cada dos o tres horas, hace que te cueste madrugar.
En cuanto al control en el hospital de día del miércoles he decidido llevar la bolsa preparada, por si otra vez me hacen quedarme o, más bien, para conjurar esa posibilidad yendo preparada.
A estas alturas del embarazo tienes emociones contradictorias: deseas verlas, sentir que son reales, por lo que quieres que salgan ya al mundo más allá del útero pero como es demasiado pronto y podría ser perjudicial para su supervivencia, ni de broma quieres que se den prisa en salir. Por otra parte, es evidente que donde están ahora dan mucho menos trabajo que una vez fuera. Como no puedo ni imaginarme cómo será ese momento en cuanto a estrés y lloros sigo manteniendo mi fe absoluta en la lactancia como futura solución a todo: lloros, hambre, cólicos, sueño... Espero que se me dé bien. Me aplicaré a fondo durante mi estancia en el hospital con las explicaciones de las enfermeras.
Afortunadamente, no hace mucho calor con lo que la hinchazón de pies y manos ha remitido. El cansancio traído del hospital también se ha ido, he perdido algo de peso, es decir, por la mañana he vuelto a los 75 kg y no 77 kg, y vuelvo a poder con panza, aunque he de reconocer que el peso me tira bastante de las piernas y riñones cuando estoy un rato de pie. La posición vertical da lugar a la hinchazón inmediata de los pies por lo que procuro tenerlos en alto cuanto puedo.
Mañana toca madrugar para los análisis del tercer trimestre de sangre y orina. Espero despertarme sin problemas porque, en ocasiones, toda una noche levantándote para orinar cada dos o tres horas, hace que te cueste madrugar.
En cuanto al control en el hospital de día del miércoles he decidido llevar la bolsa preparada, por si otra vez me hacen quedarme o, más bien, para conjurar esa posibilidad yendo preparada.
A estas alturas del embarazo tienes emociones contradictorias: deseas verlas, sentir que son reales, por lo que quieres que salgan ya al mundo más allá del útero pero como es demasiado pronto y podría ser perjudicial para su supervivencia, ni de broma quieres que se den prisa en salir. Por otra parte, es evidente que donde están ahora dan mucho menos trabajo que una vez fuera. Como no puedo ni imaginarme cómo será ese momento en cuanto a estrés y lloros sigo manteniendo mi fe absoluta en la lactancia como futura solución a todo: lloros, hambre, cólicos, sueño... Espero que se me dé bien. Me aplicaré a fondo durante mi estancia en el hospital con las explicaciones de las enfermeras.
jueves, 31 de julio de 2014
32 semanas y cuatro días... todo bien: volvemos a casa.
Después de tres días, mucho reposo, calor, insomnio, ambiente agobiante y algunas pruebas ¡por fin volvemos a casa! En seis días toca un nuevo control (no sé de qué tipo), análisis del tercer trimestre (sangre y orina) y, en once días. nueva ecografía para ver cómo evoluciona el peso de los fetos.
La estancia en el hospital ha sido muy satisfactoria: sin grandes lujos pero con gente muy agradable y muy implicada en su trabajo que te atiende muy bien, con una gran amabilidad, pero el ambiente es totalmente claustrofóbico. Por lo menos ahora sé con conocimiento de causa qué me espera en la convalecencia tras el parto y cómo serán cuidadas las bebés por ese personal tan implicado en su trabajo. Y cómo lo pasará mi marido por las noches echándome una mano y sin una cama a la recurrir.
He llegado a casa totalmente cansada y con dos kilos más, como si ya no tuviera bastantes, y la panza sensiblemente más grande. Después de estar allí metida tres días, salir a la calle, ver el sol y el movimiento de la gente me hizo sentir bien y conectar otra vez con la realidad, aunque me sentía torpe y débil.
La estancia en el hospital ha sido muy satisfactoria: sin grandes lujos pero con gente muy agradable y muy implicada en su trabajo que te atiende muy bien, con una gran amabilidad, pero el ambiente es totalmente claustrofóbico. Por lo menos ahora sé con conocimiento de causa qué me espera en la convalecencia tras el parto y cómo serán cuidadas las bebés por ese personal tan implicado en su trabajo. Y cómo lo pasará mi marido por las noches echándome una mano y sin una cama a la recurrir.
He llegado a casa totalmente cansada y con dos kilos más, como si ya no tuviera bastantes, y la panza sensiblemente más grande. Después de estar allí metida tres días, salir a la calle, ver el sol y el movimiento de la gente me hizo sentir bien y conectar otra vez con la realidad, aunque me sentía torpe y débil.
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